- Artículo de opinión de Carmen Juan Jorques,Presidenta de Fesord CV y su Fundación, con motivo de la Semana Internacional de las Personas Sordas 2026 “Reivindicando los derechos humanos de las personas sordas”

Hablar de los derechos de las personas sordas en 2026 no debería significar únicamente recordar los avances conseguidos. También debería obligarnos a preguntarnos qué ocurre cuando esos derechos, reconocidos en las leyes y en los discursos públicos, no pueden ejercerse plenamente en la vida cotidiana.
Las personas sordas y su movimiento asociativo hemos conquistado derechos, hemos abierto espacios de participación y hemos alcanzado el reconocimiento del valor de la lengua de signos y de la cultura sorda, pero todavía existe una distancia importante entre el reconocimiento formal y su cumplimiento efectivo.
Las personas sordas debemos ser protagonistas de las decisiones que afectan a nuestras vidas. No basta con desarrollar políticas, es imprescindible contar con nuestra participación directa, reconocer nuestra capacidad de decisión y garantizar que nuestras necesidades, experiencias y propuestas sean escuchadas y tenidas en cuenta.
Desde FESORD CV y el movimiento asociativo de personas sordas, reivindicamos que los derechos se traduzcan en garantías reales, oportunidades y condiciones de igualdad en todos los ámbitos de la sociedad.
Cuando la accesibilidad no está garantizada, llega tarde o resulta insuficiente, las consecuencias afectan a cuestiones esenciales de la vida de las personas sordas. La accesibilidad afecta tanto a la comunicación como en el acceso a la información, los servicios y los espacios públicos. En el ámbito sanitario, por ejemplo, resulta inadmisible que todavía se comuniquen por teléfono de voz fechas de intervenciones, pruebas médicas o cambios de última hora sin ofrecer alternativas accesibles. También es fundamental que los servicios de videointerpretación en lengua de signos estén disponibles y operativos en las urgencias hospitalarias, para que las personas sordas puedan comunicarse, comprender la información y tomar decisiones sobre su salud en condiciones de igualdad.
Estas barreras no son situaciones aisladas ni simples dificultades de comunicación. Son obstáculos que pueden comprometer la autonomía, la seguridad y el ejercicio de derechos fundamentales.
La misma realidad se reproduce en otros ámbitos, como la educación, el empleo, la justicia, los servicios sociales y en las relaciones con las administraciones públicas.
La lengua de signos española es una lengua más y su uso constituye un derecho que debe poder ejercerse plenamente. Por ello, hay que asegurar nuestro acceso a la lengua de signos, contar con profesionales cualificados y disponer de los recursos necesarios para que las personas sordas puedan comunicarse directamente, recibir información y ser atendidas con autonomía, dignidad y calidad.
En este contexto, el movimiento asociativo de personas sordas desempeña un papel fundamental. La calidad de los servicios dirigidos a las personas sordas debe construirse desde el conocimiento de nuestra realidad, la participación de las propias personas sordas y el respeto a nuestras particularidades lingüísticas y culturales. Las entidades del movimiento asociativo somos referentes en este ámbito y debemos contar con el reconocimiento y el apoyo necesarios para seguir desarrollando nuestra labor.
La responsabilidad de garantizar los derechos, sin embargo, corresponde a los poderes públicos. La diferencia entre reconocerlos y hacerlos efectivos es fundamental: legislar establece derechos; garantizarlos exige voluntad, planificación, financiación, recursos y responsabilidad institucional.
Si los derechos humanos son derechos de todas las personas, su cumplimiento no puede depender de que FESORD CV y el movimiento asociativo tengan que recordar constantemente que existen. La responsabilidad pública consiste precisamente en convertir los principios generales en garantías concretas, y hacerlo contando con las personas sordas como protagonistas de las decisiones.
Celebrar los avances es necesario, pero defenderlos y hacerlos efectivos lo es todavía más. La Semana Internacional de las Personas Sordas es una oportunidad para visibilizar estas reivindicaciones.
Pero la defensa de nuestros derechos no puede limitarse a una semana del calendario. Debe formar parte del compromiso permanente de las instituciones y de toda la sociedad.
Los derechos de las personas sordas no son una promesa para mañana. Son una obligación de hoy.



